51 Proyecto Suite Miami.

Ana Adela Ochoa

…De una ciudad disfrutas la respuesta que da a una pregunta tuya,

o la pregunta que te hace obligándote a responder.

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

 

¿Es la playa este espacio intermedio descriptiblemente vivo, salvaje y diverso, que separa las aguas del océano del paisaje humano que lo observa? Así parece confirmarlo el escenario donde Ana Ochoa construye su territorio de estudio. Un litoral que posee el sonido y la voz del Caribe americano. Es decir, la noche estrellada de invierno, los personajes genuinos que la habitan, la rumba al mediodía, las velas en la arena, las hamacas apiladas de colores quemados por el sol, el socorrista bronceado y dispuesto, o el refugio romántico del atardecer que a veces se funde bajo el clásico rojo y otras -…no pocas- bajo los colores plomizos antes de una tormenta de verano.

Miami Beach es la antesala a una ciudad que vive extendida. El parque natural de los Everglades la detiene y, a lo largo del litoral, se erige vallada por la construcción perpendicular de sus edificios de apartamentos y hoteles.

The House of Lifeguard de Ana Adela Ochoa

En esta línea estrecha donde la población y el foráneo se apropian para intercambiar su teatro de culturas, Ana Ochoa realiza un trabajo de campo fotográfico y posteriormente se propone intervenir con tres propuestas The House of Lifeguard.

En un primer intento para acercarse al área, parece que siga la evolución de aquellos fotógrafos de la época de las vanguardias que, cuando la caja oscura apareció, salieron a la palestra para dejar testimonio a los bañistas con sus retratos populares. Tradición aún hoy presente, en poblaciones latinoamericanas como las de Barranquilla y Cartagena en Colombia, donde el fotógrafo Edwin Padilla, ha recolectado lo afectivo y particular de los turistas y habitantes, para demostrar que son testimonios imprescindibles del lugar y su tiempo. Sin embargo, Ana no engatusa a los presentes con simulacros o efectos folklóricos especiales, ni tampoco ejerce de paparazzi, ni practica la fotografía publicitaria que evoque en un santiamén el glamour idealizado de una zona vacacional. El ojo poético y social en la mayoría de sus tomas crea un lenguaje en sí mismo que, si bien mantiene la función de dar presencia sociológica a su proyecto, también ofrece una visión propia en su mediación plástica.

Los sujetos.

Proyecto Suite Miami Homeless 2 de Ana Adela Ochoa

Hacia 1952 Chombart de Lauwe publicó en París y la aglomeración parisina una interesante precisión referente a la ciudad: “Un barrio urbano no está determinado únicamente por los factores geográficos y económicos, sino por la representación que sus habitantes y los de otros barrios tienen de él”. El estudio del imaginario colectivo forma parte del proyecto. Los soñadores ambulantes que habitan Miami Beach, según algunos documentos visuales que Ana aporta en el proyecto, descansan casi siempre paralelos al mar. Estos homeless, se revelan como esculturas incorporadas a un pesebre marítimo. Bajo el efecto del oleaje del Atlántico, parece que la propia fuerza del agua los haya arrastrado hasta allí. A veces, se muestran como animales de un bestiario particular del beach; a menudo, parecen difuntos embalsamados: sujetos abrigados bajo un cuerpo recogido. Otras, surgen de las dunas cubiertos por diferentes lienzos: sábanas blancas o azuladas, chaquetas, toallas o colchas harapientas, y tapan sus rostros para sortear la luz o evitar su identidad. El colchón de descanso lo conforma una arena removida por las pisadas de los bañistas. El despertador puede ser la voz incómoda del vigilante que se acerca o el propio frío del anochecer. Uno de estos protagonistas aparece en una instantánea bajo una presunta decapitación al haber escondido el cráneo dentro de su camisa. Fotografías que plantean una estética creada por el propio durmiente como si de una instalación abierta se tratara. Estos cuerpos, además, se arremolinan junto a las hamacas ya almacenadas bajo el ritmo que permite su superposición o el juego formal de los patines y barcas de recreo. El mobiliario que los envuelve es una pieza más de una escenografía omitida en los catálogos de difusión recreacional y ocupa un lugar importante en el relato que a diario se sucede frente al mar.

En un nuevo día de trabajo y testimonio, Ana Ochoa puede interesarle algo tan sencillo como la metáfora que encierran las sombrillas. Palmeras sin cocos que amparan del calor la piel de los que se relajan del estrés bajo el sol. Sin embargo, en su plasmación plástica, se ausentan los niños, bañistas y visitantes que ocupan el beneficio de su sombra para mostrar el reverso de su función principal. Las sombrillas pasan a ser un mobiliario que protege a los juguetes o, pudiéramos decir que los mismos, sustituyen a los niños ocupando su presencia veraniega como agentes de la acción. Un guiño al proyecto “Umbrellas” de Javacheff y Jeanne-Claude Christo en Japón y California. Una intervención en el paisaje donde más de mil trescientos paraguas azules se extendieron en una explanada en pleno campo abierto en los alrededores de la ciudad de Ibaraki. La soledad vista a través de sus trabajadores también se suma a este proyecto de análisis del lugar. Esta vez, bajo la perspectiva del fotorreportaje. El guarda-hamacas superponiendo las dormilonas, por ejemplo, crea unos ritmos inconscientes de gama cromática y texturas de toldo. Éstas adquieren el volumen necesario para advertir que forman parte del plantel principal de actores silentes pero esenciales. ¿Qué sería una playa urbana sin las perspectivas y acentos que crean estos enseres tanto en su exposición como en su almacenamiento?.

Unas hamacas y tumbonas que durante algunas tardes lánguidas y por la moda actual de sus diseños y la extensión del lugar que ocupan, nos recuerdan el Adriático en las tomas que realizaba Visconti junto a Tadzio y Gustav en Muerte en Venecia.

Hay habitantes clásicos en cualquier playa del mundo occidental como el buscador de metales. Con su audífono en la oreja izquierda y su peculiar instrumento de detección, escudriña lo imposible en busca de una cadena de plata, algún anillo de compromiso roto o un rosario abandonado de recompensa en su haber.

Proyecto Suite Miami Homeless de Ana Adela Ochoa

También los retratos objetuales, sin duda, son motivo de escucha. Funcionan como sujetos cuando aparecen en primer plano. Como la metáfora del artilugio apagado que muestra un tractor nuevo que recoge las algas de la orilla y almacena la basura de las papeleras en su remolque. Junto a la máquina, su impertérrito ocupante que sigue sus pasos. El primero que recibe un espacio natural despoblado como premio a su labor al nacer o morir el día. Estos personajes están incorporados al lugar y serán los receptores de su proyecto-instalación donde pasarán a vivir e interactuar con el entorno. Lo harán, igualmente, los que vienen a conmemorar sus eventos personales y utilizan el medio como un altar para sus propósitos.

Las fiestas y celebraciones quiebran el lugar privilegiado de la zona en cualquier comunidad que viva frente al mar. Y acentúo el verbo “quebrar” para que su significado adquiera motivo de ruptura-deseada en sus funciones clásicas para la cual, la playa, se destina mayoritariamente durante el día. Sin embargo, ocupa una especial atención, aquellas ceremonias que a lo largo de la noche encienden “la otra noche” por la cual el área es conocida. Las discotecas y el jolgorio se dan de una manera extendida en toda el área de South Beach (la parte más animada de Miami Beach) y, en algunas ocasiones, encuentran una manera informal y romántica de finalizar el regocijo en la misma orilla del mar. Pero hay otras ceremonias ligadas a la liturgia de la unión que según las comunidades lo celebran bajo el palio -los judíos son un paradigma- o bajo el efecto delicado del arco floral las más laicas. Utilizan el Atlántico como tramoya de fondo, y unas cuantas sillas plegables sustituyen cualquier santuario o sinagoga para reunir a la familia y a los invitados. La conmemoración de fiestas rave bajo el reggae, el acid house, el techno, la salsa o el kompa haitiano forman parte de esta galas improvisadas. La playa entonces es un escenario donde la sublimación, el goce, o el plano energético de las personas, convive al son del abrazo o la danza. Los habitantes de distintas culturas siguen los rituales que sus ancestros atestiguaron de su pasado; lo único que cambia son los ritmos que los nuevos tiempos imponen.

Proyecto Suite Miami Beach Patrol de Ana Adela Ochoa

Pero la figura esencial que mejor refleja este aspecto protector y vigilante en el área es el socorrista. Apoyado en su fosforescente flotador-supositorio, de espaldas a la ciudad y mirando el mar, pareceque este personaje le hable sobre el ser o la nada a un horizonte que pide marcharse por hoy. Este trabajador del mar, como lo es el marinero faenando en el puerto o el pescador desde su barca, queda en una posición ambigua de alerta y descanso al mismo tiempo.

Durante aquella hora que muestra la fotografía, los chiringuitos han cerrado. Todo el clamor humano del mediodía no existe. Los cuentos de la jornada han concluido. Los recintos de los guardianes anuncian en letra de molde lo evidente: No lifeguard on duty. Literalmente: No estamos de servicio.

Proyecto Suite Miami Off Duty de Ana Adela Ochoa

Las casetas.

Como refugios de juguete antes o al final del día, simulan nidos donde el pájaro-salvavidas, este trabajador social que avizora el territorio para proteger a los usuarios del peligro del mar embravecido, ha abandonado su guarida. En ocasiones, un espacio desprovisto de existencia cuando concluye la jornada y que se erige como maqueta para un sueño de soldaditos de plomo o un motivo interesante para una tesis de arquitectura. Durante las horas de trabajo, en cambio, son el resguardo y cobijo de quien puede rescatar tu vida o pasear tu cadáver en brazos hasta la ambulancia.

Ana confronta el diseño primitivo y colorido de estas construcciones de madera con la vorágine de los edificios ubicados en primera línea de mar. En principio, construye una maqueta neutra y la orienta a diferentes puntos de la playa para permitir que haga de espejo con el entorno. El resultado es la vía del contraste y la denuncia. Un camino que le permite diferenciar su propuesta de las inamovibles edificaciones que aparecen detrás como bambalinas sin trampa. Con esta acción, redefine el espacio y centra el punto de su proyecto.

Construcciones que, como muñecas de ensayo, pueden vestirse para una fiesta en pleno mediodía, acudir a un funeral a la tarde cuando cierran las escotillas de sus instalaciones o, destrozadas por el temporal y el abandono, aparecer desnudas o simplemente víctimas por la intervención de la Naturaleza. El rescate de este inmueble de madera, el único permitido a escasos metros de la orilla marítima, adquiere el valor de icono muy apreciado por la vecindad y el sector del comercio de South Beach.

Las tres intervenciones.

Proyecto Suite Miami de Ana Adela Ochoa

En el momento de empezar a diseñar “el atuendo” arquitectónico para sus “modelos de playa”, Ana Ochoa empezó por la parte más agresiva e insultante: la bélica. En plena guerra en Irak y con los vientos del terrorismo sin detenerse en la zona de peligro, pensó que el modelo militar podría obtener cierta audiencia. En un espacio donde precisamente el visitante quiere olvidar su desasosiego, el impacto que sugiere las formas celulares del tejido de camuflaje y la gama de los verduscos sobre las paredes de la casita, refiere necesariamente al desafío. Una memoria que no quiere que se borre en un momento donde la omisión podría representar una agravio hacia el conflicto.

Ver el habitáculo de salvamento vestido con ropa de combate al mismo tiempo que el sol tuesta tu piel, es un aviso en el fondo de que el astro no siempre sale para todos con la misma intensidad. Caminar hacia el mar para tomarse un baño mientras desde una fortificación militar un sujeto vigila tus pasos, podría denotar la ambigüedad de sentirse protegido -no olvidemos que en la cultura estadounidense este concepto es sagrado y, escenificarlo un motivo de orgullo- o, a la vez, representar un agobio el que te recuerden que, en verdad, el país está en plena guerra aunque no se vean los féretros en los telenoticias. Entonces la función del vigilante -recordemos que en la serie californiana Los vigilantes de la playa, nunca se utilizó en el título la palabra “socorrista”- pasa a ser vital. La instalación a escasos metros del agua, ahora bajo la función de búnker, actúa como un faro repelente para los que quieran incursionar en tierra enemiga.

El miembro que la custodia es el guardián que no sólo previene tu ahogo sino que te alerta de otros posibles peligros. Peligros, por otra parte, que nada tienen que ver con el mar. Supuestos… que puedes elegirlos mientras braceas, prácticas surf, o construyes castillos de arena con tu hijo.

La segunda propuesta, atrevida y deliberadamente banal, parte de la impronta que la marca Louis Vuitton ha implementado en el mundo de la moda.

Proyecto Suite Miami Louis Vuitton de Ana Adela Ochoa

Este logo aristocrático que entrecruza las primeras letras del nombre y apellido, venera la tradición y el buen hacer parisino en la historia del equipaje. Desde que los medios de transporte se proyectaron al inicio de la revolución industrial hasta hoy, sus baúles, sus bolsos y sus atuendos de viaje han marcado la moda del lujo y la distinción. ¿Pero por qué un arca de madera en medio de la playa? ¿Quién es el distinguido propietario que abre la valija a la salida del sol para organizar la jornada y saca sus enseres sanitarios y de salvamento, tal como decía un anuncio de los años treinta de esta marca en un periódico español: “Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio? Con esta oferta, Miami Beach se posiciona en un ambiente que la propia tradición le otorga. Si bien la perla de la elegancia se encuentra un poco más al norte, concretamente en Palm Beach, antigua residencia de la familia Kennedy y actual de millonarios como Donald Trump, la ciudad marítima que emula, o a lo sumo fraterniza con este deseo, obtiene además la posibilidad de ocupar una plaza.

South Beach también necesita -…y quizás en verdad lo posea- este glamour que nadie discute. Con un aire más informal y chic… es cierto, pero manteniéndose en la misma línea de orientación hacia el lujo. No olvidemos, que Gianni Versace compró la señorial casa Casuarina, un hermoso palacete de estilo mediterráneo ubicado en el mismo paseo marítimo de Ocean Drive. Con esta adquisición, en la década de los noventa, Versace resucitó la zona como lugar de moda internacional. Por lo tanto, probarse este traje con las huellas tan palpables del fruto del eucalipto que Vuitton impregna en sus bolsos, podría ser sin duda un acto afirmativo de distinción hacia la ciudad.

Un sí a un escenario que bien podría parecer sofisticado para unos, aunque para otros sea un signo evidente de que la moda, la actualidad y lo insólito forman parte de la esfera miamense.

De idéntica manera, podríamos leer esta propuesta como una crítica social. Una instalación que banaliza el mensaje y que, como le sucedió a la marca Rolex, se falsifica y se vende a precios irrisorios por todos los pulgueros, nombre que por cierto se otorga a los mercadillos de ocasión en toda la metrópoli. Un producto fake, falso en el espanglish del lugar, que disminuye el marchamo de calidad del cual presume. El hecho además de que la impresión del tejido esté vulgarmente ampliada en las paredes de la casita de socorro, acentuaría más este “falso dorado” del producto.

Proyecto Suite Miami The capital of the 3rd World de Ana Adela Ochoa

E1 19 de noviembre de 2006, Thomas Tancredo, representante por el partido republicano de Colorado, hizo unas declaraciones en el Word Net Daily referentes a Miami que encendieron los ánimos desus residentes: “Look at what happened to Miami. It has become a third world country”. (Mira que ha pasado con Miami. Parece un país del tercer mundo). En un momento en que el debate del muro con México estaba en la arena política, algunos ciudadanos que viven en la frontera se dedicaron a patrullar la zona para denunciar a los inmigrantes ilegales que la cruzaban. Otros los pescaban como pargos a escasas millas de Key West. Este atuendo con fondo rojo donde en forma de graffiti aparece la frase “The Capital of Third World”, queda plasmado en la tercera propuesta que Ana Ochoa plantea para este emporio de culturas provenientes principalmente de toda Latinoamérica.

¿Qué impacto en el día a día podría producir en la selecta zona de South Beach la competencia muda entre cuerpos de adonis y vestales? ¿Cómo recibirían los residentes de los apartamentos de lujo del litoral tener que bañarse en el Atlántico protegidos por una figura y un espacio arquitectónico que reivindica los orígenes de su miseria?.

A diferencia de las otras dos, esta propuesta utiliza el enunciado con el mensaje bien explícito. No hay opción a interpretar; la afirmación es clara. Determina que la pobreza y el subdesarrollo están presentes.

Incluso en la playa esta mezcla de razas e idiosincrasias se evoca con solo iniciar un paseo por el lugar. Todos los cubanos, mexicanos, haitianos, caribeños, gente de Sudamérica, afroamericanos que la habitan pasarían a formar parte de esta masa necesitada que la empujen para alcanzar el desarrollo. Evidenciarlo en el primer mundo a través de una casita de socorro muestra a la vez la denuncia del hecho.

Proyecto Suite Miami Muchedumbre de Ana Adela Ochoa

Sí… en Miami hay barrios pobres como Liberty City, Overtwon, Opa Locka Little Haiti, donde poco se diferencia de otras zonas desfavorecidas de África, América del Sur o de algunos guetos asiáticos.

Ana Ochoa muestra lo omitido en la mayoría de sus fotografías y propuestas plásticas. Quizás sea este el punto central de su trabajo. Miami Beach es el Miami Beach de la postal cuando un domingo cualquiera de enero está poseído por el blanco del hotel o el azul cenital de la cristalería en los balcones. Cuando sus bañistas hojean el New York Times cubiertos con sus albornoces de impoluto algodón junto a una piscina traslúcida, o mientras una cereza marrasquino flota libre en una copa de cocktail con el martíni aún por degustar, sostenida por una modelo mulata en un anuncio publicitario a toda página en Vogue.

Proyecto Suite Miami Paradise de Ana Adela Ochoa

Este es el lado conocido que atrae a un público ejecutivo y sofisticado… pero ¿qué sucede cuando la playa se retira de su principal función recreativa para ocupar otras lecturas?. ¿Quién hace posible que este espacio adquiera el sello de ciudad papier-couché?. Este es el reflejo de Suite Miami visto por una española de tierra adentro que a lo largo de su trayectoria ha vivido una parte importante de su vida cerca del mar en ciudades como Barcelona.

En la famosa canción de la Oreja de Van Gogh, la Playa, una historia de nostalgia y recuerdo, el estribillo repite eterna y llanamente lo siguiente“Te voy a cantar la canción más bonita del mundo..” mientras unos peces de colores y los destellos de la infancia se funden en la arena y la voz de la cantante. Suite Miami, desde el privilegio que ofrece esta estancia donde Ana Ochoa se posiciona como deconstructora y testimonio, es una composición que narra en varias partes diferenciadas, una historia lírica y sin estridencias sobre el South Beach. Una ciudad que, al mismo tiempo que exporta sol y joie de vivre, no olvida a los que humanamente la construyen y a la vez protegen su marca poblándola de actores, eventos cotidianos y hasta casitas de socorro que se mudan de ropa desvergonzadamente para denunciar la situación social que vive este país que acaba de entrar en una nueva era hoy mismo a las doce del mediodía.

God bless America

Proyecto Suite Miami Latinos de Ana Adela Ochoa

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